- 1. Apuntalamientos en cimentaciones
- 2. Apuntalamientos en pilares
- 3. Apuntalamientos en vigas
- 4. Apuntalamientos en forjados
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5. Apuntalamientos de muros
- Tornapuntas simples
- Tornapuntas a varias alturas
- Apuntalamientos en muros interiores
- Acodalado de muros
- Recercado de huecos adintelados
- Apuntalamientos en muros de contención
- Diversos modelos de encuentros (imagen)
- Recercado de huecos
- Arcos y bóvedas
La variedad de tipos de apuntalamiento es tan amplia como la diversidad de siniestros estructurales a los que puede enfrentarse un servicio de bomberos.
A continuación, analizaremos los más comunes. El objetivo no es realizar una descripción exhaustiva, sino proporcionar un conocimiento práctico y operativo que sea útil ante cualquier intervención en estructuras colapsadas.
1. Apuntalamientos en cimentaciones
Cuando es necesario recalzar, sanear o reparar una zapata, resulta imprescindible desviar las cargas que esta transmite al terreno. De este modo se libera el elemento sobre el que se interviene, el cual solo soportará su peso propio y el del pilar o muro que sustente.
Para lograrlo, es necesario descargar las vigas y forjados correspondientes al nudo donde se ubica la zapata. Esta descarga se realiza habitualmente mediante elementos verticales (postes, rollizos, puntales o pies derechos), elementos horizontales (durmientes y sopandas) y, si fuera necesario, elementos inclinados (riostras y tornapuntas).
En esta intervención es crítico prever la alteración en la ley de distribución de momentos. Si los elementos apeados no son capaces de soportar esta variación de esfuerzos, se deberá prolongar el apuntalamiento hasta la planta superior o reforzar estructuralmente el elemento para que absorba las nuevas tensiones.
2. Apuntalamientos en pilares
El pilar es el elemento vertical que transmite las cargas hacia las zapatas o entre las distintas plantas de la edificación.
Para liberarlo de tensiones, es imprescindible apear las vigas y forjados que descargan directamente sobre él.
Al intervenir en un pilar de planta intermedia o planta baja, se deben apear los forjados superiores correspondientes para desviar las cargas y evitar daños estructurales derivados de la alteración en la ley de distribución de momentos.
Es fundamental prever el espacio necesario para trabajar en la demolición o reparación del pilar. Este apuntalamiento se ejecuta habitualmente mediante puntales o tornapuntas entre sopandas y durmientes, pudiendo incluir sistemas acodalados en sus bases para mayor estabilidad.
3. Apuntalamientos en vigas
El sistema tradicional se ejecuta mediante puntales o pies derechos combinados con sopandas y durmientes, prestando especial atención a la correcta distribución de las cargas.
Si se prevén movimientos laterales, será necesario incorporar tornapuntas. Al igual que en intervenciones anteriores, se debe evaluar la transmisión de esfuerzos a las plantas inferiores; si el forjado inferior no soporta la nueva carga concentrada, el apuntalamiento se deberá prolongar en la misma vertical hasta el terreno o una base sólida.
Cuando la viga afectada presenta daños severos que obligan a su demolición y sustitución, es imprescindible apear el forjado que soporta. En este proceso se debe garantizar el espacio de trabajo necesario para las maniobras y prever las variaciones en la ley de distribución de momentos.
4. Apuntalamientos en forjados
El procedimiento tradicional consiste en el uso de puntales, rollizos o pies derechos apoyados sobre sopandas y durmientes, los cuales deben disponerse perpendicularmente a los elementos resistentes (generalmente las viguetas).
Los puntos de apuntalamiento deben colocarse estratégicamente para contrarrestar los momentos flectores críticos. Si la luz de las viguetas es considerable (superior a 4 metros), deben disponerse, por precaución, apuntalamientos intermedios para reducir la flexión y asegurar la estabilidad de la pieza.
Como en toda intervención, es fundamental planificar la transmisión de cargas. En el caso de forjados, esto obliga, como mínimo, a replicar el apuntalamiento en las plantas inferiores de forma coaxial (alineada) para transferir los esfuerzos de manera segura directamente hasta el terreno.
5. Apuntalamientos de muros
Antes de apear un muro o cualquier otro elemento estructural, es prioritario investigar la causa exacta de su inestabilidad o movimiento.
La estrategia de intervención dependerá directamente del efecto que lo produce (como un asentamiento o giros respecto a puntos y ejes verticales u horizontales), de su posición relativa frente a otros elementos resistentes y del estado del terreno que soporta las cargas.
El apuntalamiento de muros ofrece la mayor variedad de soluciones operativas en rescate estructural. Por ello, es necesario analizar cada escenario para diseñar y disponer el sistema más adecuado a las necesidades específicas de la intervención.
Por este motivo, existe una gran variedad de soluciones operativas. A continuación, analizaremos los sistemas más utilizados en la práctica:
Tornapuntas simples
Se emplean principalmente para evitar el vuelco, cedimiento o desplome de un muro.
Este sistema utiliza piezas inclinadas llamadas tornapuntas (o jabalcones), las cuales se ensamblan entre el terreno y el muro mediante un durmiente en la base y una tapeta o muletilla en el extremo superior para repartir la presión.
Para asegurar su eficacia estructural, el tornapuntas debe formar con la horizontal (el suelo) un ángulo óptimo de 45º a 60º (lo que equivale a un ángulo de 30º a 45º respecto al muro vertical), mientras que el encuentro con el durmiente se fijará entre 85º y 90º.
En intervenciones que requieran mayor resistencia, se ejecutan apuntalamientos con tornapuntas paralelos. Estos se disponen en un mismo plano vertical y transmiten las cargas al muro de forma homogénea a través de una zapata mural.
Tornapuntas a varias alturas
Este sistema, conocido también como apuntalamiento en abanico, se utiliza en muros que presentan desplomes de gran entidad o altura. Al implicar múltiples vectores de fuerza, su ejecución es más compleja y requiere un análisis preciso de los puntos de presión.
Apuntalamientos en muros interiores
Al intervenir en muros interiores, es necesario apear las vigas o forjados que apoyan directamente sobre ellos. El procedimiento es idéntico al apuntalamiento de pilares, ya que el objetivo operativo es absorber la totalidad de las cargas verticales que actúan sobre el elemento dañado.
Acodalado de muros
El apuntalamiento por acodalado se realiza conectando el muro afectado contra una estructura paralela. Su objetivo es evitar el vuelco del muro inestable o del edificio que este sustenta, utilizando la resistencia del muro de enfrente para contener el movimiento mediante elementos horizontales (codales) que se acuñan entre ambas superficies.
Recercado de huecos adintelados
Los huecos de ventanas y puertas constituyen los puntos más débiles de una fachada. Para mantener la indeformabilidad y evitar la pérdida de rigidez del conjunto estructural, es imprescindible ejecutar el apuntalamiento o recercado de estas aberturas.
En huecos de pequeñas dimensiones suele ser suficiente con la colocación de dos virotillos (puntales cortos) acuñados firmemente entre un durmiente inferior y una sopanda superior.
En huecos de gran luz o en aquellos donde se prevean deformaciones severas, se deben instalar cruces de San Andrés para absorber los esfuerzos horizontales, además de reforzar el perímetro con durmientes, sopandas y pies derechos.
Apuntalamientos en muros de contención
El diseño del apuntalamiento en un muro de contención vendrá determinado por la patología estructural que presente: deslizamiento sobre el plano de asiento o vuelco.
En caso de deslizamiento (desplazamiento horizontal de la base), se debe acodalar firmemente la zona inferior del muro. Si se incorporan tornapuntas, estos deben acometer preferentemente en el tercio inferior para contrarrestar el empuje de tierras sin inducir un efecto de palanca que provoque el vuelco del elemento.
Si la lesión detectada es el vuelco (rotación del muro), el apuntalamiento se ejecutará mediante tornapuntas que acometan en la parte superior, aplicando la fuerza de retención en el punto de máxima deformación.
Diversos modelos de encuentros
Recercado de huecos
Los huecos en los muros constituyen puntos débiles en la estructura. Para mantener la indeformabilidad del conjunto y evitar la pérdida de rigidez, es imprescindible recurrir al apeo o recercado de estos elementos.
En huecos pequeños, suele ser suficiente con la colocación de dos virotillos acuñados firmemente mediante durmientes y sopandas.
En huecos grandes o en aquellos donde se prevean deformaciones importantes, es obligatorio instalar cruces de San Andrés, además de reforzar el perímetro con un durmiente, sopandas y pies derechos o puntales.
Arcos y bóvedas
Los elementos auxiliares necesarios para el apeo de arcos y bóvedas (conocidos habitualmente como cimbras) deben reunir las siguientes características operativas:
- Han de reproducir fielmente la forma del intradós de la estructura.
- Deben permitir tanto el asiento progresivo de los materiales como las maniobras seguras de descimbrado.
- Tienen que ser indeformables, garantizando la correcta transmisión de las cargas hacia las carreras y puntales.