La Propagación del Fuego en Incendios Estructurales | Tema 5

Curso Incendios Estructurales: La propagación del fuego en incendios de edificaciones. Propagación por radiación, convección y conducción. La propagación exterior del fuego. Vías principales de propagación exterior. Efecto Leap Frog. Propagación del fuego por fachadas. Propagación interior del incendio en edificios.

Cuando se origina un incendio en una edificación, el calor y las llamas pueden propagarse mediante tres mecanismos físicos fundamentales: radiación, convección y conducción, existiendo con frecuencia intervenciones donde actúan varias combinaciones simultáneas de estos.

Propagación del fuego por radiación

Este fenómeno se produce cuando el calor se transmite a través de ondas electromagnéticas térmicas que viajan en todas direcciones. Estas ondas no necesitan un medio material para desplazarse y calientan directamente los objetos y combustibles circundantes hasta alcanzar su temperatura de autoignición.

Propagación del fuego por convección

En este mecanismo, el transporte de calor se efectúa mediante el movimiento fluidodinámico de los gases calientes y el aire. Al calentarse, los gases reducen su densidad y se expanden, lo que genera corrientes ascendentes de alta energía.

La columna de humo y los productos de la combustión ascienden rápidamente, transfiriendo energía térmica a todos los elementos estructurales a su paso. Esto eleva de forma drástica la temperatura ambiental hasta provocar la ignición súbita de las materias combustibles expuestas.

Un escenario crítico de este fenómeno ocurre en los **huecos de escaleras o pozos de ascensores**: los gases y el humo flotan verticalmente con fuerza, colisionando contra paramentos, puertas o ventanas cerradas. Esto genera una rápida acumulación de calor confinada que propaga el incendio horizontalmente hacia otros niveles de la edificación.

Propagación del fuego por conducción

Este mecanismo implica la transferencia de energía térmica por contacto directo a través de un cuerpo sólido o entre distintos materiales en contacto físico. La velocidad de propagación está supeditada directamente a la conductividad térmica inherente a la composición de cada sustancia o elemento constructivo.

De ahí radica la importancia de conocer el comportamiento de los materiales en la edificación. Mientras que metales como el acero estructural o el aluminio son excelentes conductores térmicos y pueden propagar el incendio a habitaciones contiguas al calentar vigas o tuberías compartidas, materiales como el hormigón, el ladrillo o la piedra actúan como malos conductores (aislantes), retardando la transmisión del fuego.

En la dinámica global de un incendio estructural confinado, las tres formas de transferencia interactúan constantemente. En las fases iniciales, la convección lidera el transporte térmico vertical a través del penacho de gases. Sin embargo, a medida que el incendio se desarrolla y se estabiliza la capa de gases calientes bajo el techo, la radiación incrementa exponencialmente su protagonismo hasta dominar la escena, quedando la conducción limitada a la transferencia a través de las barreras estructurales y los materiales sólidos del recinto.

La propagación del fuego al resto de la estructura es un proceso dinámico que se inicia desde las fases más tempranas del incendio, intensificándose drásticamente a medida que este evoluciona hacia su pleno desarrollo.

La velocidad y trayectoria de este avance dependerán directamente de la geometría del inmueble, la resistencia al fuego de los elementos compartimentadores, la ubicación de los huecos (puertas y ventanas) y la disposición de los conductos de ventilación, factores que condicionan por completo los movimientos de los frentes de llama y los flujos de gases calientes.

1. PROPAGACIÓN EXTERIOR DEL FUEGO EN EDIFICACIONES

La propagación del fuego a través de las fachadas es considerada una de las vías más rápidas de desarrollo de un incendio. Esto se debe a la confluencia de factores críticos que condicionan la dinámica y la tasa de crecimiento del fuego, entre los que destacan:

  • Carga de fuego y comburente: La concentración, composición y localización de las fuentes de combustible iniciales y secundarias, así como la disponibilidad de oxígeno exterior.
  • Geometría y entorno: La configuración arquitectónica de la fachada, la superficie específica expuesta directamente al ataque de las llamas y las condiciones del entorno.
  • Factores meteorológicos: El viento y las condiciones climatológicas, que pueden acelerar la aportación de oxígeno o inclinar los frentes de llama.
  • Ventilación del recinto: El tamaño, número y distribución de los huecos (ventanas y puertas) por donde escapan los gases de la combustión.
  • Propiedades del cerramiento: Las características térmicas, de aislamiento y de reacción al fuego de los materiales que componen la fachada.
  • Inoperancia de los sistemas de seguridad: El fallo, la ineficacia o la ausencia de medidas de protección activa (rociadores, alarmas) y pasiva (franjas cortafuegos, sellados).

Factores críticos en la propagación del fuego

Para comprender la dinámica de un incendio en interiores, es necesario analizar los componentes fundamentales que determinan la velocidad y dirección del avance de las llamas. Estos factores críticos se dividen en los siguientes vectores:

  • 1. Potencia y localización de la fuente de ignición: Energía inicial y ubicación del foco.
  • 2. Propiedades físicas y disposición de los combustibles: Composición, orientación y superficie expuesta.
  • 3. Geometría del recinto: Dimensiones, altura de techos y volumen del espacio.
  • 4. Factor de ventilación: Aportación de oxígeno e influencia de las corrientes de aire.
  • 5. Dimensiones y localización de las aberturas: Influencia de ventanas, puertas y patinillos.

1. Potencia y localización de la fuente de ignición: El origen de un incendio estructural varía desde incidentes de baja energía, como un cigarrillo (unos 5 kW), hasta focos masivos de alta energía. Su ubicación exacta condiciona el desarrollo: un fuego inicial multiplicará su avance si se localiza cerca de materiales combustibles o elementos constructivos con alta conductividad térmica.

2. Propiedades físicas y disposición de los combustibles: La naturaleza química y física de los materiales presentes en el inmueble constituye uno de los vectores determinantes en la evolución del fuego. La mayoría de estos combustibles son sólidos procedentes del mobiliario, los revestimientos y los elementos estructurales, cuyo comportamiento térmico varía drásticamente según su composición elemental.

En la edificación moderna, la proliferación de **materiales poliméricos (plásticos y sintéticos)** representa un factor crítico para la seguridad contra incendios. Estos compuestos se caracterizan por una **elevada tasa de liberación de calor (HRR)**, una velocidad de propagación extremadamente rápida y la generación de densas emisiones de gases altamente tóxicos y opacos que comprometen severamente la supervivencia y las tareas de extinción.

Asimismo, la configuración geométrica, la orientación espacial y el área superficial expuesta del combustible condicionan el desarrollo del siniestro. Los elementos dispuestos verticalmente (como cortinas, paneles o mobiliario alto) propagan las llamas con mayor celeridad debido al flujo convectivo ascendente, mientras que un mayor fraccionamiento del material (alta superficie específica) facilita una transferencia térmica por radiación más eficiente, acelerando la pirolisis y la ignición por simpatía de combustibles adyacentes.

Asimismo, **el espaciado y la orientación espacial de los combustibles** condicionan por completo la velocidad de desarrollo del siniestro. **Una orientación vertical de los combustibles (como cortinas, paneles o mobiliario alto) propagará el fuego de manera mucho más rápida que una orientada en plano horizontal**. Este fenómeno físico responde a que las corrientes de convección ascendentes precalientan el material que se encuentra justo por encima de las llamas. Por este motivo, los **materiales de revestimiento y acabados verticales** en paramentos y fachadas son los causantes de una propagación vertical acelerada y sumamente peligrosa si no cuentan con la clasificación de reacción al fuego adecuada.

3. Geometría del recinto: Las características volumétricas y espaciales del recinto son decisivas en la dinámica de evolución de un incendio estructural. Los propios elementos delimitadores del espacio (muros, tabiques y forjados) no solo actúan como barreras físicas, sino también como acumuladores térmicos. Un paramento expuesto absorbe la energía del foco inicial y **reirradia ese calor hacia el interior del compartimento**, elevando la temperatura de los combustibles adyacentes y acelerando drásticamente la tasa de propagación.

El tamaño y volumen total del espacio condicionan directamente la velocidad del desarrollo térmico. En un **recinto de dimensiones reducidas**, el confinamiento de la energía provoca que un solo objeto en combustión genere altas temperaturas ambientales y una rápida acumulación de gases en el techo, acelerando la transición hacia el *flashover*. Por el contrario, en un compartimento amplio y diáfano, los gases térmicos tienen mayor espacio para expandirse y disiparse, lo que ralentiza la concentración de calor y mitiga la velocidad de crecimiento inicial del fuego.

Asimismo, la **altura de los techos** juega un papel crítico en el comportamiento del penacho de humo. En estancias con techos elevados, la capa de gases calientes tarda mucho más tiempo en acumularse, estratificarse y descender, manteniendo una temperatura inferior a nivel de suelo y retrasando el retorno de calor radiante hacia los combustibles bajos. De igual forma, si la superficie en planta es extremadamente extensa, el penacho térmico puede enfriarse por entranamiento de aire antes de impactar contra el techo, limitando el efecto de retroalimentación térmica del incendio.

4. Factor de ventilación: La ventilación es el vector que aporta el comburente (oxígeno) indispensable para el sostenimiento y evolución de la combustión. Para que las llamas se desarrollen con su máxima eficiencia térmica, la proporción entre el aire y los gases de pirólisis debe aproximarse a la **relación estequiométrica ideal**, donde todo el combustible reacciona completamente con el oxígeno disponible.

En la realidad de un incendio estructural confinado, es poco frecuente mantener este equilibrio perfecto. Si existe un exceso de aire debido a un espacio muy abierto, la velocidad de propagación estará supeditada a la cantidad y disposición de la carga de fuego (**incendio regulado por el combustible**). Por el contrario, en recintos cerrados donde el oxígeno se consume rápidamente, el fuego entra en una fase de latencia por asfixia. En este escenario crítico, cualquier nueva aportación de aire fresco (como la apertura incorrecta de una puerta por parte de los equipos de ataque) controlará por completo la velocidad de reacción del incendio (**incendio regulado por la ventilación**), disparando el riesgo inminente de un fenómeno de *backdraft* o explosión de gases de humo.

Científicamente, la relación estequiométrica se define como la proporción exacta y matemáticamente perfecta entre el comburente y el combustible para lograr una reacción de oxidación completa, sin que falte ni sobre ninguno de los dos componentes.

En la evolución cronológica de un siniestro en interiores, esta relación varía drásticamente. Al inicio del incendio, el recinto dispone de todo su volumen de oxígeno intacto; por lo tanto, existe un exceso de agente oxidante y el fuego se considera **controlado por el combustible**. Por el contrario, a medida que el incendio progresa y alcanza su fase de pleno desarrollo, el oxígeno ambiental se consume de forma masiva, provocando que la velocidad de la combustión quede estrictamente **controlada por la ventilación** (es decir, por la cantidad de aire nuevo que logre ingresar al espacio para reaccionar con el excedente de gases de pirolisis acumulados).

5. Dimensiones y localización de las aberturas: El tamaño, la cantidad y la ubicación geométrica de los huecos (ventanas, puertas y lucernarios) regulan el caudal y la dirección de los flujos de gases. Estos parámetros condicionan el patrón de ventilación del recinto y, por consiguiente, determinan la severidad y la dinámica de desarrollo del incendio.

El factor de apertura (o parámetro geométrico de ventilación) está determinado por la configuración dimensional de las aberturas y define el caudal de aire fresco que fluye hacia el interior del recinto.
Fv = Av · √Hv
Donde:
Fv: Factor de apertura (m5/2).
Av: Área total de la ventana (m2).
Hv: Altura total de la ventana (m).

Este factor permite calcular la cantidad de aire o penacho de fuego que fluye hacia el interior del recinto a través del hueco en cuestión.

Vías principales de propagación exterior del fuego

La propagación del fuego a través del exterior o la fachada de una edificación constituye un escenario operacional crítico. Dependiendo de la tipología constructiva, el diseño arquitectónico y los materiales empleados, el incendio puede avanzar mediante cuatro vías principales o una combinación simultánea de estas:

  • 1. Efecto Leap Frog (Salto de rana): Propagación vertical ascendente a través de los huecos de las ventanas.
  • 2. Fachadas tipo muro cortina: Fallo en el sellado de los encuentros e intersticios entre forjados.
  • 3. Fachadas ventiladas: Propagación interna por el interior de la cámara de aire (efecto chimenea).
  • 4. Revestimientos combustibles: Propagación superficial acelerada por la composición de los paneles y aislamientos.

1. Efecto Leap Frog (Salto de rana) a través de ventanas: Este fenómeno define la capacidad de un incendio estructural para propagarse de manera vertical ascendente y secuencial entre las distintas plantas de un edificio, utilizando los huecos de la fachada como vía de transmisión principal. Cabe destacar que este efecto puede manifestarse en cualquier tipología de fachada, incluso en aquellas con revestimientos completamente incombustibles (como el ladrillo o el mortero).

La dinámica de este proceso se inicia cuando el fuego confinado en un recinto progresa hacia su fase de libre combustión. Las altísimas temperaturas interiores provocan la pirolización masiva de los combustibles y el inminente fallo térmico (rotura) de los cristales de las ventanas.

Al romperse el cerramiento de vidrio, la aportación repentina de oxígeno exterior genera una intensa eyección de llamas y gases inflamables hacia el exterior. Este penacho térmico se adosa a la fachada debido al flujo de aire ascendente y proyecta una radiación calorífica extrema sobre el nivel inmediatamente superior. La energía transferida es lo suficientemente elevada como para fracturar los acristalamientos de la planta superior, encendiendo los materiales adyacentes a la ventana y consolidando un **foco de fuego secundario e independiente**.

Medidas de mitigación arquitectónica: El riesgo de propagación por efecto Leap Frog se puede reducir significativamente mediante el diseño de **voladizos cortafuegos, cornisas incombustibles o aleros salientes** con una proyección horizontal reglamentaria. Estos elementos actúan como deflectores físicos, forzando al penacho de llamas a separarse de la línea de la fachada e impidiendo el impacto térmico directo sobre los huecos superiores.

2. Fachadas tipo muro cortina: Esta vía de propagación es característica de los edificios de oficinas y construcciones modernas de diseño acristalado. El avance del incendio se produce de forma interna a través del **intersticio perimetral o junta de encuentro** existente entre el borde de los forjados de hormigón y la estructura de la fachada ligera.

En un incendio estructural totalmente desarrollado, las temperaturas interiores pueden alcanzar con facilidad e incluso superar los **1000 °C**. Estas condiciones térmicas extremas provocan la degradación térmica inmediata y el fallo de los sistemas de sellado cortafuegos (*fire-stopping*) perimetrales que debieran compartimentar el espacio entre plantas.

Debido a las **fuerzas de flotabilidad** creadas por la gran diferencia de densidad entre el aire exterior y los gases confinados, se genera un fuerte tiro térmico o efecto chimenea interna. Esta energía empuja al humo, los gases tóxicos y los frentes de llama a filtrarse a través de cualquier fisura o deformación de los perfiles de aluminio del muro cortina, permitiendo la propagación vertical directa hacia los niveles superiores antes de que las llamas rompan el vidrio exterior.

3. Fachadas con cámara ventilada: Esta tipología constructiva representa una de las vías de propagación exterior más críticas y veloces. Según rigurosos ensayos realizados por el **BRE (*Building Research Establishment*)** británico, la tasa de propagación vertical a través de estos sistemas puede ser **entre cinco y diez veces más rápida** que la ocasionada de forma natural por el efecto *Leap Frog*.

La peligrosidad extrema de estos cerramientos radica en su propio principio de diseño: la existencia de una cámara de aire intermedia diseñada para la circulación convectiva natural. En caso de incendio, una vez que las llamas o los gases calientes logran penetrar en este espacio, el aporte continuo de oxígeno y el confinamiento del calor desencadenan un violento efecto chimenea que proyecta el frente de fuego verticalmente a una velocidad masiva.

Asimismo, el factor que multiplica la gravedad del siniestro es la naturaleza de los materiales internos. Si el aislamiento térmico fijado al soporte o los propios paneles aplacados exteriores están compuestos por **materiales poliméricos o combustibles** (un escenario habitual en edificaciones previas a las normativas de seguridad modernas), estos actúan como un potente vector de alimentación, transformando la cámara ventilada en un canal de propagación oculto, confinado y extremadamente difícil de extinguir por las dotaciones de bomberos desde el exterior.

4. Revestimientos combustibles: Esta cuarta vía de propagación se manifiesta cuando los materiales de acabado exterior, los paneles de revestimiento o los sistemas de aislamiento térmico por el exterior (SATE) instalados en la fachada poseen una alta carga de fuego y una baja clasificación de reacción al fuego.

La combustión de estos paramentos exteriores desencadena incendios de propagación vertical y horizontal masiva y de gran intensidad térmica, capaces de emitir una radiación calorífica extrema hacia los edificios colindantes. Durante su proceso de degradación térmica, estos sistemas no solo generan densas columnas de humos altamente opacos y tóxicos, sino que además presentan un comportamiento crítico: el desprendimiento de escombros estructurales y el **goteo de partículas inflamadas o gotas incandescentes** (clasificación d2 según las Euroclases). Este fenómeno propaga el fuego de forma descendente y aleatoria, generando focos secundarios simultáneos y comprometiendo gravemente la vida de las dotaciones de extinción que trabajan a pie de calle.

Leyenda del gráfico:
Vía 1: Fachada convencional de bloques o ladrillos (Efecto Leap Frog).
Vía 2: Fachada de vidrio ligera tipo Muro Cortina.
Vía 3: Fachada Ventilada (Efecto chimenea interno).
Vía 4: Fachada con revestimiento combustible o Aislante Térmico (SATE).

Regulación normativa y distancias cortafuegos en fachadas: Para limitar eficazmente el riesgo de **propagación exterior horizontal**, los elementos verticales separadores entre dos edificios o sectores de incendio colindantes deben poseer una resistencia al fuego reglamentaria. Esta exigencia es imperativa para aislar de forma segura:

  • Dos sectores de incendio diferenciados.
  • Una zona de riesgo especial alto respecto al resto del inmueble.
  • Vías de evacuación esenciales, tales como escaleras protegidas o pasillos protegidos.

Los puntos de unión de estas fachadas deben mantener una distancia de separación física calculada estrictamente bajo los parámetros establecidos por el Código Técnico de la Edificación (CTE) o la normativa técnica de seguridad vigente en cada región.

Mitigación de la propagación vertical: Con el objeto de frenar el avance del fuego entre dos sectores de incendio superpuestos, la normativa impone la obligatoriedad de mantener una **franja cortafuegos de 1 metro de altura mínima** en el plano de la fachada, la cual debe contar con una resistencia al fuego específica (habitualmente EI 60). En caso de proyectarse elementos salientes incombustibles (voladizos o aleros), la dimensión de esta franja vertical puede verse reducida en una proporción equivalente a la proyección horizontal de dicho saliente, ya que actúa como deflector de las llamas.

En conclusión, todos los componentes del revestimiento y de la estructura exterior de las edificaciones deben cumplir con requisitos rigurosos de resistencia y reacción al fuego, garantizando la estabilidad del conjunto y evitando la propagación por radiación hacia edificaciones colindantes.

2. PROPAGACIÓN INTERIOR DEL FUEGO EN EDIFICACIONES

Cuando se origina un incendio en el interior de un recinto, el fuego se alimenta de forma progresiva de la carga térmica aportada por los materiales combustibles del entorno. Al alcanzar la fase de pleno desarrollo (post-flashover), el avance del incendio deja de ser local, iniciando un proceso de propagación generalizada por toda la estructura mediante la combinación de los mecanismos de transferencia térmica previamente analizados.

El avance del fuego, el humo y los gases calientes a través del interior de un inmueble aprovecha cualquier discontinuidad en los elementos compartimentadores. Las vías de propagación interna más comunes incluyen:

  • Huecos de puertas y ventanas desprotegidas o abiertas.
  • Conductos de ventilación y climatización sin compuertas cortafuegos.
  • Cajas y núcleos de escaleras o pozos de ascensores (tiro vertical).
  • Plenums, falsos techos y suelos técnicos que comuniquen estancias.
  • Patinillos e instalaciones de canalización eléctrica o fontanería carentes de sellados cortafuegos estancos.

Al desplazarse por el interior de una edificación, el frente de llamas y los gases térmicos pueden invadir diferentes recintos ubicados dentro de la misma planta donde se originó el foco inicial. Este fenómeno se conoce técnicamente bajo la denominación de propagación horizontal.

De igual manera, el incendio posee la capacidad de ascender hacia los niveles superiores de la estructura a través de tiros térmicos, patinillos de instalaciones o huecos de escaleras, fenómeno que se denomina propagación vertical. En los escenarios más severos, si la radiación o el alcance de los frentes de llama es extremo, el fuego puede saltar los límites de la propiedad y extenderse a edificaciones próximas colindantes.

En conclusión, resulta imprescindible implementar una estrategia rigurosa de compartimentación en sectores de incendio para subdividir la estructura en volúmenes técnicamente estancos. Esta medida de protección pasiva es obligatoria con independencia del uso del inmueble (residencial, comercial, administrativo o industrial), ya que cumple el doble propósito fundamental de **confinar la propagación de los frentes de llama** y asegurar rutas de evacuación seguras para el traslado de los ocupantes hacia un espacio exterior seguro en caso de emergencia.

🔥 ¿Estás opositando en España?

No estudies solo. Únete gratis para recibir esquemas de leyes en PDF y alertas con las nuevas plazas que se abran en tu provincia.

📥 RECIBIR TEMARIOS Y ALERTAS GRATIS